Los que nacimos en Irún en la segunda mitad del siglo XX o las familias foráneas que se asentaron en aquella época en los Barrios de San Miguel y Anaka cuando la religión era un referente que no podía faltar en nuestra vida cotidiana, recordamos, en mi caso con mucho cariño, a los Padres Pasionistas y su iglesia situada en la Calle Estación, en el cruce con la carretera que llevaba al barrio de Anaka, que se había erigido bajo al advocación de los Santos San Gabriel y Santa Gema, ambos pertenecientes a esa orden religiosa.
Hay un par de páginas en internet, la de la Cofradía Anaka, www.cofradia-anaka.com y la de Bidasoa Eliza www.bidasoakoeliza.org donde se pueden comprobar datos históricos sobre la llegada de los Pasionistas a Irún y la posterior edificación de su templo.
Los Pasionistas, cuyo emblema es un corazón con la inscripción JESU XPI PASSIO que los padres y hermanos de la orden llevaban prendido en su hábito de color negro, llegaron a Irún en 1916 y se instalaron inicialmente en el nº 34 de la Calle Fuenterrabía mientras se construía el actual templo que se inauguró el 8 de agosto de 1926. La dirección de obra estuvo a cargo del arquitecto José Gurruchaga y su coste ascendió a 400.000 pesetas. de la época. El matrimonio formado por el Agente de Aduanas D. Inocencio López y su esposa Dña. Lorenza Rubio acogieron también durante un tiempo a la primera comunidad en su casa de la calle Lucas de Berroa nº 20.

Para muchos de los y las jóvenes de los barrios de San Miguel y Anaka la Iglesia de los Padres Pasionistas era nuestro centro de reunión, especialmente los domingos que comenzaban con la catequesis que estaba a cargo del Padre José Miguel, al que recuerdo como una persona muy afable y preocupado por la gente de nuestra edad. Acabada la catequesis íbamos a la misa infantil de las diez y media. Luego algunos nos quedábamos por allí para ayudar como monaguillos en las misas posteriores y por la tarde cine en el local de la catequesis. Recuerdo que había misas desde las seis y media de la mañana hasta la una y media y la última del día era a las siete y media de la tarde. Aquellas misas en latín y de espaldas a los feligreses… nos sabíamos de memoria toda la liturgia, ni sé en cuántas misas pude colaborar en aquella época.
En la comunidad religiosa convivían sacerdotes y hermanos legos. De estos últimos me acuerdo del Hermano Emiliano, al que llamaban con el cariñoso sobrenombre de “Kubala” por la rapidez con la que pasaba la bandeja en las misas emulando al mítico futbolista del Barcelona, y también del Hermano Mateo. Ambos eran también los encargados de llevar la hornacina de Santa Gema por las casas del barrio, que pernoctaba una noche en cada una mientras se le encendía una mecha en un vaso con aceite. En la parte baja tenía una ranura donde se depositaba una limosna y al día siguiente se la pasábamos al vecino. No era la única hornacina que recibíamos a lo largo del año: nos traían también la de la Milagrosa del Colegio de San Vicente de Paul donde estaba ubicado el dispensario de la Cruz Roja en la calle Fuenterrabía.
Una vez al año el Padre José Miguel organizaba para los que íbamos a la catequesis una excursión al parque de atracciones del Monte Igueldo. Ese día cogíamos un tranvía en la estación y al llegar a San Sebastián tomábamos el autobús que nos llevaba al funicular de Igueldo, todo un acontecimiento que celebrábamos cantando aquella cancioncilla: ¡Ay! Qué buenos son los padres Pasionistas. Ay, qué buenos son, que nos llevan de excursión. Cuando he vuelto a subir con mis nietos al Monte Igueldo he visto que apenas han cambiado las atracciones de feria, aunque ahora ya no está ni la osa ni tampoco las cabras y caballos ponys que te daban una vuelta por el recinto. Afortunadamente lo que no ha cambiado es la magnífica vista de la bahía.
Los Padres Pasionistas, hasta donde yo conocí, hicieron una gran labor con los jóvenes, crearon OARGUI, acrónimo de Organización Atlética Recreativa Guipuzcoana, un lugar de encuentro que estaba situado inicialmente en el sótano de Paseo de Colón 100. Tenía un pequeño bar que regentaba el matrimonio Izquierdo, de Anaka, y allí nos juntábamos a jugar a las cartas, charlar y también ver la tele, especialmente los lunes cuando aquello se ponía de bote en bote para ver el programa “La moviola”, un aparato nuevo que permitía visualizar los goles de los partidos de futbol del domingo en cámara lenta, había auténticos especialistas como Mañu de la Puente, después famoso periodista. Algunas veces pasaba por el Oargui el Padre José Luis, le llamábamos “el del peluquín” pues llevaba un postizo en su cabeza para disimular su calvicie.
En el barrio de San Miguel, sobre todo, aunque también en el de Anaka, vivían muchos ferroviarios que se organizaban en una Asociación y en una Hermandad que estaban situadas ambas en el edificio propiedad de RENFE de Paseo de Colón, 101, donde hoy está el edificio Ederra. Ambas entidades tenían un consejero apostólico pasionista. Yo conocí a dos de ellos, primero el Padre Leopoldo y luego el Padre Constantino. Había también otros religiosos como el Padre Fernando y el Padre Dionisio. Este último solía celebrar los domingos la misa de las 6:30 de la mañana para los montañeros.
Bueno, allí siguen los Padres Pasionistas, supongo que, adaptándose a los tiempos actuales, nada fáciles por el liberalismo atroz que contamina nuestra sociedad.
Juan Carlos Redondo
Antropólogo Social, 72 años.

Felicidades Juancar , pero es discutible lo del liberalismo atroz más correcto sería diversidad de doctrina