Decía la Madre Teresa de Calcuta que la “soledad y la sensación de no ser deseado es la pobreza más terrible”.
La soledad afecta a una gran parte de la población actual estando presente en todas las edades, especialmente entre las personas mayores; por lo tanto, se trata de un problema relevante, aunque muy a menudo disfrazado de estereotipos y prejuicios, lo que aumenta la vulnerabilidad en las personas afectadas. Por lo tanto, no se trata de un problema menor, sino que tiene un alto impacto en la sociedad por lo que debería ser abordado desde la política pública.
Un prejuicio común es afirmar que es normal que una persona mayor esté sola, como si fuera algo inevitable de la condición humana. Al pensar de esta manera estamos renunciando a la búsqueda de soluciones que puedan, al menos, paliar este problema, especialmente cuando se trata de una soledad no deseada, porque también hay otra soledad buscada, cuando la persona se encuentra agobiada y rodeada de mucha gente; mientras que la soledad no deseada puede resultar angustiosa, la buscada puede ser protectora y enriquecedora.
Aunque se trata también de un problema personal que requiere el uso de recursos personales, la sociedad debe abordarlo de forma colaborativa para cambiar la situación actual, se trata de un reto social colectivo al que hay que aplicar actuaciones concretas que no pueden esperar si no queremos que el tan cacareado “sistema del bienestar” se deteriore rápidamente. Para evitarlo, hay que construir las bases que permitan afrontar este reto social de la soledad, que no sería otro que el de tener una vida que sí merezca la pena vivir.
Algunos datos pueden ayudarnos a comprender mejor este problema y la forma de abordarlo con éxito. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística):
1. En España la población de mayores de 65 años alcanza ya en 2023 el 20,15% del
censo total y sigue aumentando.
2. El 6,1% de la población tiene más de 80 años, y de estos el 21% son hombres y el
41% mujeres.
Si a estos datos añadimos que la esperanza de vida va en aumento, sea por nuevos hábitos de vida, sea por más y mejores adelantos técnicos aplicados a la salud, el problema de la soledad lejos de solucionarse se agrava especialmente por la reducción de las redes de apoyo, amistades y familia; vivimos en un mundo globalizado que en muchos casos obliga a desplazarse a las familias, hijos e hijas que emigran o se van a estudiar al extranjero y en muchos casos se quedan a trabajar allí donde forman sus propias familias separándose de sus mayores que en muchos casos deben afrontar su existencia en soledad.
Para buscar y encontrar soluciones se debe primero identificar el problema y su grado de intensidad que resulta de una combinación entre soledad social, sentimiento que se tenga de pertenencia al grupo, y soledad emocional, sentimiento de desolación por la falta de relaciones. Fruto de diversas investigaciones pueden formularse las siguientes conclusiones:
1ª Alto riesgo de aislamiento social en las personas mayores.
2ª Más riesgo de aislamiento en hombres que en mujeres.
3ª El nivel educativo influye en el grado de aislamiento.
4ª La soledad existe en todas las edades.
5ª Importancia de las relaciones sociales.
6ª Importancia de actuar ante la soledad.
De los distintos tipos de Soledades, sea elegida, social o emocional, la más común entre las personas mayores es la soledad no deseada; son personas que simplemente necesitan compañía, pero que su falta puede provocar temor e incluso llegar a somatizar ansiedad, tristeza, melancolía o angustia.
La pérdida de relaciones sociales y familiares a partir de los 65 años es la principal causa por la que se llega a esa soledad no deseada, por ello, desde la política pública y desde la social civil deben construirse sistemas de apoyo alternativos a la falta de redes sociales y familiares que puedan paliar esa carencia.
Algunas de estas iniciativas ya están en marcha, como las propuestas por NAGUSILAN, Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa, Caritas o Cruz Roja entre otras. También nuestras Instituciones Públicas, tienen implementadas, a través de los Servicios Sociales, ayudas económicas para la contratación de personas de apoyo especialmente en el ámbito doméstico, con el objetivo de profesionalizar los cuidados a las personas mayores.
No hay fórmulas mágicas, la soledad es un reto social colectivo que debe abordarse sin demora para poder generar cambios sistémicos.
Juan Carlos Redondo
Antropólogo Social, 71 años.
