¿Cuántas veces hemos oído el refrán: “el saber no ocupa lugar”?, y así es, nunca estorba, nunca está de más, pero también es terapéutico, un antídoto contra nuestras inseguridades, a la vez que proporciona muchas satisfacciones. El disco duro del ordenador humano es nuestro cerebro, y solo funcionará correctamente usándolo, no hacerlo es una condena segura para una degradación paulatina.

Muchas veces he oído a personas mayores decir que “a estas alturas de la vida estudiar no es para ellas, que eso lo dejan para los más jóvenes”; gran error, la edad no importa, si nos lo proponemos, se puede. Además, las personas mayores contamos con ventajas a nuestro favor con respecto a los jóvenes, la experiencia que hemos vivido nos permite comprender muchas cosas al relacionarlas con nuestros recuerdos, así que para estudiar, ser mayor no es un inconveniente.

Nuestro paisano, el gran periodista Iñaki Gabilondo (81 años) decía en una entrevista: “Estamos en una sociedad gerontófoba (rechazo a las personas mayores) porque se les considera un lastre y por lo tanto descartables”. No podemos aceptarlo, cada fase de la vida enriquece la anterior y abona adecuadamente la siguiente. Por eso no debemos abandonarnos, no podemos permitir que nos dejen fuera del campo de juego social, nuestra dignidad y nuestros derechos están en juego. No importa la situación sanitaria de cada cual, simplemente hay que adaptarse aprovechando nuestras posibilidades.

El catedrático de Antropología Social en la Universidad de Brunel en Gran Bretaña Adam Kuper, en su obra Cultura, la versión de los antropólogos, nos proporciona algunas claves al respecto cuando afirma que “la verdadera diferencia entre las personas no es la raza sino la cultura”, la raza no determina nunca la cultura. Va más allá al indicar “que tal vez el futuro de todo el mundo depende de la cultura”, porque es la cultura y no la biología la que nos construye como personas y que la vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida, no nacemos “sabidos”, porque cultura es todo aquello que el ser humano hace como miembro de una sociedad.

En el lenguaje coloquial a menudo se reconoce cultura como sinónimo de una formación reglada específica. Algunos datos de la UNESCO nos indican que a pesar de que en España el índice de alfabetización es cercano al 99%, en el mundo hay todavía 700 millones de analfabetos: dos personas de cada cinco. Pero a pesar de ello, incluso las personas analfabetas, en tanto que miembros de la comunidad, son sujetos culturales, sobretodo por un conocimiento «natural» de la cultura.

Para aprender no es imprescindible ir a la universidad, para el estudio no hay límites, toda actividad intelectual supone un esfuerzo, pero en contrapartida nos mejora como personas. Si te gusta la lectura, escuchar música, hacer trabajos manuales o cualquier otra cosa que no sea estar ocioso, “ya tienes mucho ganado”, decía Iñaki Gabilondo.

No hay límite de edad para adquirir conocimientos, según los expertos los beneficios no son solo intelectuales, sino también físicos, ya que a la vez que se regeneran las neuronas del cerebro manteniéndolo activo, se retrasa el deterioro cognitivo. La cultura nos ayuda a socializar, evitando así ese mal tan generalizado en nuestra sociedad actual como es la soledad no deseada. A este respecto la Madre Teresa de Calcuta decía “la soledad y la sensación de no ser deseado es la pobreza más terrible”. Por lo tanto, los beneficios de aprender en la madurez son evidentes, mejoramos la autoestima y como consecuencia de ello, nuestra calidad de vida.

Si eres una persona mayor y te decides a estudiar o a participar en actividades culturales de cualquier índole, la sociedad te da herramientas asequibles; están los Centros de Educación Para Adultos, donde todo el mundo es bienvenido, sea para adquirir una formación muy básica o incluso para graduarse en Educación Secundaria. Si quieres ir más allá y tienes inquietudes universitarias puedes acudir a las Aulas de la Experiencia de la Universidad del País Vasco, donde al cabo de cuatro años puedes obtener el título universitario en Ciencias Humanas. Si lo que te gusta es comunicarte, se te brinda la oportunidad de matricularte en la Escuela Oficial de Idiomas, organismo dependiente del Gobierno Vasco, donde por menos de 80 € por curso puedes llegar a relacionarte en una lengua extranjera de tu elección.

Conozco personas que han iniciado estudios en su etapa de jubilación, ello les ha supuesto una satisfacción personal y a la vez que ha aumentado su nivel cultural lo ha hecho también su autoestima, sin olvidar la socialización que ello supone, en definitiva, mejora la calidad de vida. Bien es cierto que es necesario un esfuerzo, hay que contar también con el apoyo de tu entorno, así que fuera prejuicios, confía en tus posibilidades, ilusiónate y convéncete, tú sí puedes.

Juan Carlos Redondo
Antropólogo Social, 71 años.

Nagusinet
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.