El pasado 30 de abril fui operado en el Hospital Público Donostia para implantarme una prótesis en la rodilla derecha. Años de deporte sin supervisión tuvieron como consecuencia la rotura de menisco que provocó una artrosis, que finalmente ha tenido que ser solucionada con el implante de una prótesis. Ahora estoy en pleno periodo de rehabilitación y, aunque está siendo algo duro, soy consciente de que es algo necesario si quiero que la recuperación sea efectiva.
De siempre he sido un firme defensor de la sanidad pública, aunque soy consciente de que su funcionamiento no siempre ha sido aceptado de forma unánime. Lo cierto es que ese funcionamiento normal u anormal está en función de la experiencia de cada cual, sin que pueda afirmarse de forma categórica que algo o alguien funciona mal o bien, sobre todo si lo hacemos extrapolando experiencias personales a toda la colectividad.
En mi caso particular, era la primera ocasión en que iba a pasar unos días hospitalizado y dejando al margen los inconvenientes de toda intervención quirúrgica, la experiencia no ha podido ser más positiva. En general todo el proceso, desde la médica de atención primaria hasta el cirujano, ha sido muy razonable en tiempo y en atención.
Ahora que el mundo se enfrenta a un tsunami de brutal neoliberalismo donde se justifica la libertad individual como sinónimo de triunfo personal dando cobijo a todo tipo de fechorías y desmanes, especialmente hacia las clases sociales más desfavorecidas y con menos recursos, provocando un aumento exponencial de la desigualdad social. Creer que el libre mercado es el remedio de las desigualdades sería tanto como pretender que los coches solucionen el efecto invernadero.
El libre acceso a la sanidad pública, como la que gozamos los ciudadanos y ciudadanas del País Vasco, mejorable siempre, sí, nos aporta una seguridad que solo puede nacer de un sistema basado en la justicia social y en un bienestar accesible a todas las clases sociales y esa debería ser la prioridad de cualquier gobierno, reducir la desigualdad, empezando por una sanidad pública gratuita y universal.
Durante los días que he pasado en el hospital, he podido leer algunos datos de Osakidetza relativos a los servicios sanitarios prestados. El esfuerzo económico y humano que se realiza desde la administración pública es increíble, solamente el hospital Donostia dispone de alrededor de 1.000 camas y más de 30 quirófanos, que permiten atender cerca de 300.000 estancias anuales, muchas de ellas consecuencia de las aproximadamente 50.000 intervenciones quirúrgicas, además de las 350 urgencias diarias que se atienden y más de 800.000 consultas médicas. Aunque la tasa de natalidad está a la baja en relación a épocas anteriores, lo cierto es que en este centro nacen unos 3.500 bebés. Y todo ello atendido por más 4.000 profesionales, que cuentan con avanzados medios tecnológicos y que en breve se verán incrementados, según cuenta la prensa local, con un nuevo edificio para consultas externas y un segundo nuevo edificio que albergará la máquina de protonterapia, radioterapia de protones, para el tratamiento avanzado de determinados tipos de cáncer, que ha sido donada por la fundación de un conocido empresario, pero que a su vez supone para Osakidetza una inversión de 60 millones de euros.
Ni todos tenemos las mismas capacidades, ni todos tenemos las mismas oportunidades, dejarlo ahí supondría incrementar la desigualdad social, por lo tanto y en mi opinión es la Administración Pública la que debe velar por los intereses de los más desfavorecidos, porque el libre mercado no lo va a hacer. Ya lo decía Aristóteles “la verdadera naturaleza de la vida política es el ejercicio de las virtudes para la convivencia ciudadana”, y a lo largo de la historia, distintos autores han formulado con sus palabras un pensamiento que ya es universal y que el científico Albert Einstein definió como: ”Sólo una vida vivida para los demás, merece ser vivida”, porque solo los buenos sentimientos pueden unirnos, el interés nunca ha forjado uniones duraderas.
Defender la sanidad pública universal y gratuita debe ser una de las prioridades del nuevo Gobierno Vasco que está a punto de constituirse, mejorando su eficacia con mejores y más rápidos servicios y unos profesionales adecuadamente reconocidos económicamente para evitar la “desbandá” a otras áreas sanitarias distintas a la nuestra e incluso propiciar el retorno de los que ya se fueron antes. Ese es el reto, os animo a apoyarlo y exigirlo.
Juan Carlos Redondo
Antropólogo Social, 71 años.

Excelente Juan Carlos. Todo lo que comentas es cierto y lo comparto.
Ahora bien también están personas que no han tenido la suerte de que todo fuera tan bien y han tenido problemas que se han resuelto tras un largo periodo de tiempo y ahora es el momento de dotar de médicos e instalaciones adecuadas para que sean atendidas en tiempo y diagnóstico.
Gracias Ángel por tu interés.
Efectivamente sobre la atención de la Sanidad Pública hay múltiples experiencias personales y distintos contextos.
Coincido contigo, lo digo en el artículo, es el momento de apoyar y exigir una sanidad pública y gratuita de calidad y eso pasa irremediablemente por dotarle de recursos suficientes.
Confío en que el nuevo Gobierno Vasco que salga de las última elecciones recoja el guante y priorice dar solución a las todavía carencias del sistema.