Hoy les quiero narrar un hecho histórico del que he tenido conocimiento recientemente y del cual desconocía su existencia; precisamente el pasado 7 de febrero se ha conmemorado su 87º aniversario y que a pesar de su gravedad apenas ha tenido una difusión histórica y cultural adecuada. 

La Guerra Civil española había comenzado el 18 de julio de 1936 con la sublevación de las tropas rebeldes comandadas por el general Franco frente al Gobierno legítimamente constituido de la II República, y que había sido proclamado el 14 de abril de 1931. 

Con el apoyo de los países fascistas Alemania e Italia, las tropas sublevadas fueron anexionando a su causa cada vez más territorios de la ya entonces debilitada República Española. 

En el mes de febrero de 1937 el general franquista Queipo de Llano se estaba aproximando a la ciudad de Málaga y como ya anunciaba en sus famosas intervenciones radiofónicas “había que entrar en Málaga a sangre y sexo”. El 6 de febrero ante la inminente llegada de los sublevados, la población civil malagueña temerosa de las represalias, emprendió una huida a pie hacia Almería por la carretera de la costa, N-340 y este hecho se conoce hoy en día como “LA DESBANDÁ” en dialecto andaluz y Desbandada en español.  Los historiadores estiman que unas 150.000 personas abandonaron Málaga entre los días 6 y 8 de febrero de 1937, la mayoría, personas ancianas, mujeres, niñas y niños, sin comida, sin bebida, sin ayuda.

Pero lo peor estaba por llegar, los buques de la armada franquista, el “Canarias” el “Baleares” y el “Almirante Cervera”, situados frente a la costa comenzaron a bombardear la columna de refugiados que huían literalmente del infierno en que se había convertido la carretera. Este hecho histórico, conocido también como el “Gernika andaluz”, supuso un auténtico genocidio. Además de los buques de guerra fascistas, aviones alemanes e italianos bombardeaban desde el aire y tanques italianos por tierra. Fue una auténtica masacre, se estima que en esa carretera murieron entre 3.000 y 5.000 personas y para hacernos una idea de su magnitud pensemos que, en el tristemente famoso bombardeo de Gernika, 26 de abril de 1937 –día de mercado– murieron entre 250 y 300 personas y en el bombardeo de Durango que tuvo lugar 31 de marzo de 1937, murieron 336 personas. Para los historiadores “la Desbandá” supuso uno de los episodios más cruentos de la guerra civil. 

Testimonios directos recogidos de supervivientes, cuentan cómo durante el día se escondían en las “cañas dulces”, mientras que avanzaban andando por la noche para poder pasar más desapercibidos frente a los que bombardeaban: “íbamos pisando muertos, niños y niñas perdidos, llorando y buscando a sus padres” y así hasta el 11 de febrero de 1937 en que los últimos integrantes supervivientes de la Desbandá llegan a Almería.  

Pero si la huida a Almería supuso un episodio trágico para los que participaron en ella, el regreso fue también muy doloroso: al llegar a sus casas se encontraron con que la mayoría de ellas habían sido confiscadas y sus legítimos dueños considerados personas represaliadas y proscritas, condenadas a vivir en silencio. 

Con la Ley de la Memoria Histórica se pretende que este hecho y otros similares que ocurrieron no caigan en el olvido, por lo que todos los años en el mes de febrero y coincidiendo con las fechas de la Desbandá se reproduce el camino de Málaga a Almería, donde participan personas que fueron testigos directos del genocidio y familiares descendientes, en recuerdo y como homenaje a los y las fallecidas. 

No quisiera terminar este relato sin mencionar la actitud valiente de una persona gallega que en esa época era el titular del faro de la localidad malagueña de Torre del Mar. Su nombre, Anselmo Antonio Vilar García, conocido como el “Farero de Torre del Mar”. Había nacido en 1881 en la localidad de Castro del Rey, provincia de Lugo. Los capitanes de los barcos franquistas que bombardeaban la costa por la noche necesitaban la referencia de la luz del faro de Torre del Mar para ser más “eficaces”, por lo que ordenaron a Anselmo Vilar que lo mantuviera encendido durante la noche. Anselmo no solamente se negó, sino que apagó la luz del faro las noches del 6 y 7 de febrero, impidiendo así que los aviones y barcos del bando rebelde pudieran atacar en ese tramo de carretera a una multitud que huía despavorida y desarmada. 

Su actitud valerosa y altruista supuso evitar miles de muertes, sobre todo de ancianos, mujeres y niños que huían aterrados; pero la pagó con su vida, fue fusilado poco después de la llegada de las tropas franquistas por alta traición, junto al cementerio de Vélez -Málaga en la noche del 9 al 10 de febrero de 1937. 

Si se canonizaran a los héroes, Anselmo Vilar, el “Farero de Torre del Mar” sería sin duda, uno de ellos. 

 

Juan Carlos Redondo 

Antropólogo Social, 71 años. 

Nagusinet
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